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Reducción de la jornada laboral en Chile: Cambios clave para 2026

Impacto y claves de la reducción de la jornada laboral en Chile

Chile vive un momento histórico en su legislación. Este 2026, la jornada ordinaria de trabajo se reduce de 44 a 42 horas semanales, marcando un paso fundamental en la implementación gradual de la Ley N°21.561, que culminará en 2028 con un máximo de 40 horas. Este proceso no es aislado, sino que responde a una tendencia global.

Fernando Monsalve, académico de la carrera de Derecho de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), señala que este avance tiene raíces profundas: “Uno de los frutos de las reivindicaciones del movimiento sindical mundial es que el tiempo dedicado al trabajo se ha reducido entre un 40% y un 50% respecto del siglo XIX”. Además, añade que “la reducción de la jornada ha sido promovida históricamente por organismos internacionales, consolidándose hoy como un estándar en diversas economías desarrolladas”.

El cronograma es claro. Según el experto: “La implementación de la ley comenzó el 26 de abril de 2024, cuando la jornada pasó de 45 a 44 horas. El segundo hito se concreta este 2026 con la reducción a 42 horas, y el proceso finalizará el 26 de abril de 2028 con la meta de 40 horas semanales”.

Acuerdos y aplicación práctica de la reducción de la jornada laboral en Chile

La normativa no busca imponer cambios de manera unilateral, sino fomentar la colaboración. Monsalve enfatiza: “El mecanismo principal que privilegia la normativa es el acuerdo entre empleadores y trabajadores, o sus organizaciones sindicales, para definir cómo se implementa la reducción”.

En ausencia de consenso, la Dirección del Trabajo ha definido criterios mandatorios:

  • Jornadas de 5 días: El empleador deberá reducir una hora al final de dos días distintos de la semana.
  • Jornadas de 6 días: La disminución considera 50 minutos en dos días y 20 minutos en un tercer día.

Tal como explica el académico: “Según el dictamen vigente para esta etapa, en jornadas distribuidas en cinco días, el empleador deberá reducir una hora al final de dos días distintos de la semana; mientras que, en jornadas de seis días, la disminución considera 50 minutos en dos días y 20 minutos en un tercer día”.

Es vital recordar que los beneficios anteriores, como la colación, se mantienen. “Si la colación forma parte de la jornada, el tiempo efectivo de trabajo puede ser incluso menor al total de horas semanales fijadas por la ley”, aclara el especialista.

Desafíos para el sector productivo y laboral

La transición implica retos importantes. “Al no existir una reducción proporcional de las remuneraciones, se abre un debate sobre productividad, costos para las empresas y eventuales procesos de automatización”, advierte Monsalve.

Respecto a la fiscalización, el experto concluye: “Lo determinante es si existe un control directo y efectivo sobre la forma y oportunidad en que se realiza el trabajo. Esa evaluación debe hacerse caso a caso, aplicando el principio de primacía de la realidad”. Ante este cambio, la adaptación es la clave: “Estamos frente a una transformación cultural en el mundo del trabajo. El éxito de esta política dependerá, en gran medida, de la capacidad de diálogo y de adaptación tanto de empleadores como de trabajadores”.

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